Está en la oficina del comisionado del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo un informe presentado el martes 30 por la Comisión Mexicana de Derechos Humanos, organismo decano de la observación electoral en México, titulado Justicia Electoral 2012. Una observación a la luz de la reforma Constitucional de los derechos humanos, en el que se aborda en cerca de 900 hojas los aspectos más relevantes de los pasados comicios federales, de lo que me llama la atención el tema, entre otros, sobre la organización #Yosoy132 , donde destaca la vocación nata del grupo por la violencia y las simpatías que despertó en al menos dos organizaciones autorreconocidas como clandestinas, calificadas como “terroristas” por la CMDH, el Ejército Popular Revolucionario y Coordinación Revolucionaria Libertad, sin contar con los clásicos de la provocación a las fuerzas de seguridad, Macheteros de Atenco y algunas facciones del Sindicato Mexicano de Electricistas.

 

Sostiene la CMDH en su informe, coordinado por José Abel Flores Ramírez, que “#YoSoy132 no surgió espontáneamente, sino producto de un plan de los estrategas de AMLO, que contó con la asesoría de Marcos Alberto Enríquez Ominami-Gumucio, ex candidato presidencial de izquierda en Chile (2009). Pese a que la estrategia era simular que el movimiento era espontáneo y autónomo…”.

 

Recapitulando: todo comenzó con una rechifla a Peña Nieto el 11 de mayo de este año, cuando el candidato de la coalición Compromiso por México afirmó en la Universidad Iberoamericana que utilizó la violencia legítima del Estado para evitar una escalada mayor de violencia de los Macheteros de San Salvador Atenco y se formalizó como agrupación de estudiantes a raíz de que se filtró un audio con voz de Arturo Escobar, vocero del PVEM, aliado en la contienda presidencial del PRI, en el que se le escucha decir que “hay un grupo de no quiero decir jóvenes. Ya estaban mayorcitos. Calculo de 30 a 35 años para arriba. Incitando. No pasaban de 20 personas.

“La información que se nos da al final es que grupos cercanos a Andrés Manuel López Obrador estuvieron promoviendo y organizando este tipo de actos”, y así al día siguiente, se presentan 131 estudiantes en Youtube donde muestran sus credenciales para demostrar que sí son estudiantes para casi de inmediato luego recibir la adhesión de centenares de jóvenes de otras universidades, facultades y tecnológicos y crear el #YoSy132, entusiasmados con la idea de que estaban en un movimiento similar al que derrocó dictadores en Egipto, Líbia y Siria.

 

Causaba ternura su ingenuidad. En Egipto, donde se gestó y cuajó el primer movimiento “convocado a través de las redes sociales facebook y twitter”, gobernaba Hosni Mubarak de manera unipersonal desde hacía 30 años. Muamar Gadafi llevaba gobernando Líbia 43 años y su fortuna personal estaba calculada en más de 100 mil millones de dólares. Siria es gobernada por Bashar al Assad, presidente desde el año 2000, a quien no quieren ni la comunidad árabe, ni los gendarmes internacionales tradicionales. El gobierno sirio es el campeón de asesinatos masivos de opositores. A diciembre de 2011, la ONU había contabilizado en 5 mil el número de personas asesinados por el régimen.

 

La constante del desarrollo revolucionario en los tres países, según difunde la prensa simplista, es que los movimientos opositores crecieron gracias a las redes sociales, como si luego de convocar a una revolución surgieran por generación espontánea armas, pólvora, equipos de comunicación, vehículos para transportar insumos por aire mar y tierra y sofisticados sistemas de comunicación. Dinero para alimentos, ropa y otros productos indispensables para la contienda. Los pueblos sojuzgados como el sirio y el libio, no tienen recursos para tanto. Allí hay varias manos que mecen la cuna y tiene su origen en sedes de poder internacional.

 

El #YoSoy132 fue motivo de grandes esperanzas para los miembros de la Santa Iglesia de la Provocación Marxista, quienes los perfilaban en los diferentes espacios que ocupan en los medios de comunicación tradicionales como los nuevos redentores del proletariado mexicano y los infiltraron con “asesores”, como la guapa chilena Camila Vallejo. Hubo quienes hasta los relacionaron con las FARC de Colombia, el grupo narcoterrorista más sanguinario de los tiempos modernos, sólo superado por los “izquierdistas” de Sierra Leona.

 

Sus apariciones en gran parte de los mítines de Enrique Peña Nieto para insultarlo, sus plantones frente a Televisa, sus marchas y sus consignas como esa de que “Si hay imposición habrá revolución”, lejos de ganarles simpatías en el electorado mexicano, los marginaron de la realidad nacional, aunque no falta quién en la actualidad les conceda el mérito de haber cambiado la tendencia al alza en las simpatías de Peña Nieto y el declive de Andrés Manuel López Obrador.

 

Pasó el tiempo y el movimiento #YoSoy132 creció en número, pero se ahogaba en sus contradicciones internas. Todos los chicos traen inoculado el virus feroz del individualismo que la televisión que pretenden “democratizar” les ha introyectado en toda su programación y hasta en sus comerciales. Les gana su afán protagónico. Sus constantes expulsiones y purgas de “traidores” al más puro estilo de los tradicionales camaradas los exhibieron en su justa dimensión. Los sainetes impregnados de amenazas de violencia vinieron a menos, tanto, que se hace evidente que los Macheteros de Atenco, algunos vándalos del SME y uno que otro Pancho Villa usurpan el membrete del #YoSoy132, a los que se adhieren algunos estudiantes despistados que no se han enterado de su propia realidad interna.

 

Televisa demostró su visión reyesherolista y los invitó a que griten en los micrófonos lo que espetan en las calles y así, Antonio Antolini, ex vocero de #YoSoy132 aceptó el reto y formó un equipo para gritar urbi et orbi su verdad, aunque a la una de la mañana, hora en que se transmitió el pasado lunes el programa Sin filtro, ni urbi ni et orbi escucharan nada, sino unos cuántos interesados en saber si era cierto que dirían lo mismo en los micrófonos que en las manifestaciones. A estos chicos les ocurrió lo que a los izquierdistas, los verdaderos, de los años 70: los encorralaron en el Congreso de la Unión, donde se agruparon como minoría estridente y fragmentada, con sueldos muy jugosos y prerrogativas a sus partidos que se han convertido en botín, pero bajaron a muchos de las montañas, desde donde pretendían hacer la revolución.

 

Hoy, los “traidores” del #YoSoy132 son defenestrados por los que continúan creyendo que van a hacer la revolución, aunque en realidad son el petate del muerto. Sólo sirven para asustar a quienes temen otra revuelta social que está lejos de gestarse al estilo Egipto-Libia-Siria. Las condiciones de México son otras. Nuestra realidad interna es distinta y México no tiene enemigos en el extranjero que deseen un cambio de régimen. Aunque no es un paraíso de la democracia, como promueve el IFE, el camino para los cambios se está construyendo y es por la vía pacífica. Esto, hasta López Obrador lo comprende. Si no, no estaría pensando en presentar su tercera candidatura presidencial en 2018.

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