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Por: Gerardo Viloria
A pesar que los señores legisladores –por la manera como se desempeñan en el cargo encomendado- ocupan uno de los más bajos sitios dentro del índice de confianza entre la opinión pública mexicana, haciendo caso omiso a la ética de carácter público, continúan con acciones que rayan en la desfachatez e irresponsabilidad al persistir erogando gastos millonarios.
Sí, como usted lo leyó; tanto diputados federales como senadores –al inicio de esta Legislatura- renuevan mobiliario y equipos de cómputo; lo anterior, según ellos, para ejercer mejor sus funciones.
No está demás referir aquí lo que señala el académico ALBERTO SALOM ECHEVERRÍA, quien dice: “El asiento de los nuevos legisladores no acababa de calentarse, cuando una buena parte de ellos acometió en serio la iniciativa de intentar recetarse un jugoso aumento salarial.” Y, agrega: “Hay en todos estos desaciertos una combinación de obscenidad política y ausencia de moral, imprudencia y hasta mal tino”,
Ahora bien, de acuerdo con información de la Secretaría General de la Cámara de Diputados y Comunicación Social, los desembolsos por concepto de remodelaciones son solventados con los recursos que a discreción maneja cada grupo parlamentario. No obstante ello, es importante señalar que estas erogaciones son discrecionales, carentes de transparencia.
Por lo que respecta al Senado, el gasto que se realizaba en remodelaciones se suplió por el del pago de mantenimiento, que tan sólo en el primer semestre del año tuvo un costo de 28 millones 798 mil 100 pesos, conforme a informe de la Tesorería de la Cámara Alta.
De cualquier manera, puede afirmarse que es ofensivo el gasto legislativo. Acorde con un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el trabajo de los diputados en México costó alrededor de 17 mil 312 millones durante la Legislatura pasada.
Por otra parte, un reporte de la Conferencia para la Dirección y Programación de los Trabajos Legislativos de la Cámara de Diputados, de las 42 comisiones especiales de San Lázaro creadas durante la saliente 61 Legislatura, se gastaron alrededor de 300 millones de pesos; una de cada cuatro no presentó ningún informe de sus actividades o sólo generó un plan de trabajo que nunca se aplicó.
Como es de suponerse, no hubo sanciones para los diputados que cobraron sin trabajar en las comisiones especiales, porque no hay norma que contemple una medida de esa naturaleza.
Finalmente, debemos enfatizar que los presupuestos de ambas Cámaras, además de ser opacos y estar autorizados por ellos mismos, contemplan amplios viáticos, gastos para personal, numerosos viajes internacionales, gastos médicos mayores y bonos e ingresos “extra” que no son gravables fiscalmente. Beneficios que no son comunes en el mercado laboral mexicano, ni aun en el mundo.
La pregunta es: ¿Hasta cuándo consideran que soportará el pueblo mexicano?

gviloria@imagempolitica.com

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