Andrés Manuel

Por @josegmunoz

 

Andrés Manuel López Obrador, candidato perdedor en las elecciones presidenciales del pasado 1 de julio, prepara una serie de manifestaciones “a nivel nacional” el 1 de diciembre, fecha en asumirá formalmente el Poder Ejecutivo el candidato triunfador. Enrique Peña Nieto.

 

Cual sumo sacerdote de una nueva religión, ejecutará el rito supremo de la nueva iluminación, para memorar con lágrimas, rasgadura de vestiduras, admoniciones a “la mafia”, a los 30 mafiosos (entre los que se encuentra Carlos Salinas de Gortari, de cuyo gobierno recibió muchos millones de pesos, vía Manuel Camacho Solís), a Televisa, al IFE, al “masoquismo colectivo” que prefirió a Peña Nieto (¿No que “el pueblo no es tonto”?) y a todas las instituciones que aborrece cuando no le cumplen caprichos (Ah, pero las adora cuando le dan dinero), para satisfacer así las expectativas de una feligresía ávida de sacrificios, que disfruta bañarse en lágrimas ante las atrocidades de los de “arriba”.

 

Hace seis años, buena parte de sus devotos (como califica Federico Arreola, a sus seguidores) lo proclamaron “Presidente legítimo” a mano alzada en el Zócalo en un rito similar, que a la postre resultó una “vacilada”, como la calificara uno de los más fieles sacerdotes de su religión, Alejandro Encinas o un “bufo”, según Héctor Aguilar Camín. Este 1 de diciembre, al menos, no presentará el mismo libreto, aunque muy parecido en intención: presentarse como mártir en el altar de la democracia.

 

Las “pruebas del fraude”

 

Tal y como la magistrada del TEPJF Carmen Alanís lo había filtrado: el pleno del Tribunal electoral del Poder Judicial de la Federación determinó que las “pruebas” presentadas por la coalición Movimiento Progresista que postuló a Andrés Manuel López Obrador como candidato a la Presidencia de la República, fueron inconsistentes, por lo que falló en contra de la propuesta de invalidar la elección presidencial y antes del 6 de septiembre declarará a Enrique Peña Nieto como Presidente Electo, como lo adelantó el ministro Salvador Olimpo Nava Gomar: “México tiene un presidente electo por el pueblo y se llama Enrique Peña Nieto”

 

Las impugnaciones, aunque diferentes en los motivos, se parecen a las del 2006, en el método que tiene el ex candidato López Obrador, quien busca más impactar en la opinión pública que apegarse a la norma escrita, impulsada, por cierto, en 2007, por diputados y senadores de los partidos que conforman ahora la coalición Movimiento Progresista. Hace seis años, por ejemplo, la coalición Por el Bien de Todos exhibió ante las cámaras de prensa y Televisión varios costales llenos de “boletas electorales” cruzadas en favor del entonces candidato por el Partido Acción Nacional, Felipe Calderón. Esto se usó como argumento “contundente” en las conferencias de prensa para presionar a los ministros del TEPJF a que admitieran recontar “voto por voto, casilla por casilla”.

 

AMLO decía a los medios que se había encontrado en un basurero esas “pruebas” mismas que jamás fueron presentadas ante autoridad alguna. Posteriormente, algunos consejeros del IFE aclararon que quizá las boletas “encontradas” en realidad podrían ser falsas y el motivo de no llevarlas ante el TEPJF es que se habría descubierto la farsa, en virtud de que las boletas tienen candados que las hacen infalsificables y sólo pueden detectarse con aparatos exprofeso. Pero para cierto sector de la opinión pública, la exhibición de dichos “documentos” fueron prueba suficiente de que la mafia había cometido el fraude.

 

Una a una, las quejas se cayeron por su propio peso:

 

La adquisición encubierta de tiempos en radio y TV: EL IFE encargó a la UNAM un monitoreo sobre la cobertura en espacios noticiosos en medios electrónicos y encontró que Josefina Vázquez Mota había sido la que mayor espacio obtuvo. Entonces, el equipo de AMLO pidió que se investigara si Peña Nieto había comprado de manera oculta tiempo extra por la participación de Peña Nieto en abril de 2012, en el programa «Todo para la Mujer», conducido por Maxine Woodside, como si una entrevista fuera suficiente para inclinar la balanza electoral por más de tres millones de votos. Luego la queja se centró en cientos de artículos de opinión y libros que fueron entregados al IFE para incluirlos como “pruebas” de que EPN compró voluntades. Cualquier opinión favorable, según este criterio, obedece a “compra”, lo que es imposible de probar, incluso en contra del mismo López Obrador, por los apoyos públicos que recibió de distinguidos intelectuales, a quienes se les podría aplicar el mismo criterio.

 

Sobre el uso indebido de encuestas, el Tribunal encontró que no podría ser “prueba” que algunas encuestadoras hayan publicado una ventaja de EPN hasta 20 puntos porcentuales por encima de AMLO; que esto se inscribe en la libertad de expresión.

 

Sobre las tarjetas que adquirió Monex de la cadena Soriana, el TEPJF señaló que el PRI las repartió en cinco estados a personas contratadas de la estructura partidaria y no son pruebas de compra de votos.

 

Acerca del rebase de topes de campaña, no se encontraron tampoco pruebas contundentes que demostraran tal acusación. En cuanto a las aportaciones de empresas privadas, se aclaró que no hubo tan siquiera un nombre de alguna entidad privada que haya aportado dinero a la campaña de EPN.

 

De igual manera, desecharon las acusaciones de compra y coacción de voto, por ser afirmaciones genéricas y no presentaron testimonios de tales hechos. Sobre irregularidades en el cómputo de votos, tampoco se presentaron evidencias. Incluso se recontó más del 75 por ciento de las casillas y los resultados finales modificaron las cifras en favor de Peña Nieto.

 

La incógnita sobre la actitud de los partidos integrantes del Movimiento Progresista y su candidato presidencial, poco a poco se desvela, al anunciar los gobernadores de izquierda que asistirán a la toma de posesión de Enrique Enrique Peña Nieto, no obstante que AMLo ha desconocido el resultado desde el mismo 1 de julio hasta la fecha.

 

Algunos líderes de izquierda han rechazado desde siempre que fue a presentarse un “estallido social”; AMLO no ha definido que podría haber “resistencia civil pacífica”, como intentar evitar que EPN asuma como Presidente de la República, o lanzar piedras y escupitajos contra los ministros del TEPJF o saturar las calles de algunas capitales de los estados y del Distrito Federal, con marchas y plantones.

 

Lo cierto es que todo no está terminado y si AMLO persiste en su actitud de no reconocer la derrota, en las próximas elecciones podrá pasar su virtual partido, Morena, a ser una fuerza electoral marginal, y más si no logra imponer su criterio a las demás fuerzas políticas, como ha ocurrido desde el 2,000.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *