gabo¡Yo lo entrevisto ingeniero!, así le dije a Leopoldo Espinosa, Director del Regio, medio para el que, por ese entonces escribía y del que guardo gratos recuerdos. Muy seguro me sentía que Dios me echaría la mano a encontrar una manera de lograr el reto que mi irrespetuosa boca floja acababa de proferir.
Gabriel García Márquez, Premio nobel de literatura venía en exclusiva para un diario local. La aventura no era nada fácil hace tres lustros, cuando obviamente era codiciadísimo lograr unas cuantas palabras del escritor de “Cien años de Soledad”
Ya tenía la pista, mis fuentes me habían asegurado que estaría almorzando con Federico Arreola, el Director del medio que lo traía en exclusiva, la cita era en el Ancira de Monterrey.
Un día antes del desayuno, le estaba comentando a un buen amigo, que me escuchaba divertido y pensando que fallaría en mí intento. El Amigo, a quien solo llamare Fernando, precisamente me estaba presumiendo su nueva pluma Mont Blanc de oro, rameada con pedrería y le dije préstamela mañana, para que el Gabo me autografié un libro, eso le dará un valor agregado a tu pluma y a mí me parecer más divertido ver lo que sucede, Fer aceptó de buen grado no sin antes encargarme mucho su preciada joya, echándome algo que me pareció una mirada amenazante, si el objeto en cuestión desapareciera por cualquier motivo.
Así que como se me ha enseñado, llegue de avanzada con más de una hora de anticipación, rezando para que si acudiera el Nobel, la espera no fue larga y la silla seleccionada fue ideal a dos metros de ellos que se apoltronaron en la mesa del pájaro caído, denominada así no por lo que puedan imaginar, sino porque una ocasión el canario de la enorme jaula repentinamente cayó muerto.
Yo esperaba con mi libro, con mi cámara y con mi pluma como un cazador acechando para encontrar la oportunidad de hacer el “aproach” y tratando disimuladamente de leer los labios del Gabo.
Me di cuenta de que tomaban mucho café y supuse que la fisiología pronto los llevaría al WC, y por fin ocurrió para mi buena fortuna fue Arreola quien se puso de pie dirigiéndose al baño momento que aproveche para acercarme al laureado escritor.
Disculpe señor casualmente traigo uno de sus libros no me haría favor de autografiármelo; “si como no me contestó sonriendo” sin levantarse de su silla y le extendí el libro y la Mont Blanc. Gabo no dijo una palabra pero en dos ocasiones se levantó los lentes para mirar la pluma y luego a mí, con gesto de asombró lo saque de su estupor con mis cuestionamientos.
Recientemente declaró que las reglas de ortografía debieran desaparecer, muy seguramente los reporteros (como acostumbran) exageraron sus declaraciones de Guanajuato
No señor dijeron bien antes al contrario no dijeron todo lo que debieron decir. Un par de preguntas más y la entrevista estaba lista. Faltaba la foto, no tendrá inconveniente en que le tome una foto dije mientras sacaba mi MAVICA Sony de Floppy 3.5, No de ninguna manera me contestó amable. Ya solo faltaba el autógrafo. A ¿Que Nombre? Dijo el Nobel. Para El Regio, si es tan amable dije al mismo tiempo que llegaba Arreola con una sonrisa que más bien parecía rictus.
Al llegar al periódico por la calle Washington le entregó el libro a mi Director Polo que me mostro su blanca sonrisa, le muestro el reportaje y de colofón le digo y mire con que me firmó. Mi jefe abrió los ojos y ya de plano carcajeo, ¡Nombre Manuel! A leguas se ve que es falsa. Ahora la carcajada fue mía, por fin le ganaba una, al ex secretario de gobierno de Nuevo León…No señor, está usted viendo al pelado, vea la pluma, véala mejor. Y así me quedó esta anécdota para mi egoteca en la memoria…Y la recuerdo hoy que el escritor se nos ha adelantado en el camino. QEPD EL GABO

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