EL LENGUAJE SEXISTA EN LA ESCUELA **Alejandra Teopa

Desde que las niñas y los niños nacen, dependiendo de sus características genitales comienzan a recibir mensajes que condicionarán su forma de adaptarse al mundo. A través del lenguaje oral se les enseña su identidad genérica mientras aprenden que existe un “papá” y una “mamá” a quienes más adelante identificarán con las palabras “niño” y “niña”. Más adelante aprenderán que los juguetes, la ropa y los tonos en que se les hablan corresponden con una asignación genérica según sean chicas o chicos. Así, la identidad de “lo femenino y lo masculino” se asume desde los primeros años de vida, conforme lo que la sociedad ha decidido que “les corresponde”.

 

Al llegar a la escuela la diferencia aumenta pero también se complica. Primero se les enseña que debe haber una fila para cada género en las formaciones. Hasta allí no hay problema porque cada uno conoce ya su identidad genérica. Con los días las niñas van aprendiendo que las maestra habla de “los niños” y queda en espera de escuchar sobre “las niñas” cosa que generalmente no ocurre así que tendrá que acostumbrarse a subordinar su identidad al término “niños” que pareciera ser mejor en tanto es aplicable para ambos géneros. Es común en el jardín de infantes que las niñas permanezcan sentadas cuando la maestra dice “los niños que terminaron pueden salir al recreo” y solo saldrán al patio cuando la docente explique que al decir “niños” se refiere a “niños y niñas”.

 

La cosa se complica aún más el día que la maestra pregunta por “los niños” que quieren participar en el equipo de lucha y la niña levanta la mano ante las risas de todos y la aclaración de la maestra “he dicho niños”. (¡!) Así las niñas deben aprender que en el término “niños” algunas veces serán incluidas pero otras no, dependiendo de las características que requiere la situación es decir lo que se considera adecuado para ambos géneros o solo para el masculino. En esta tarea es fundamental la intervención de los maestros al seleccionar a quienes realizarán cada tarea dentro del aula: chicos si se trata de acomodar mobiliario o chicas si es para limpiar.

 

Otra forma de discriminación consiste en el lenguaje jerarquizado, es decir que en los casos en que la maestra hace mención de las niñas siempre lo hace en el mismo orden, llamando primero a los varones. La maestra dirá “Que vengan un niño y una niña” o “Los niños y las niñas que vayan a la excursión”. Esta forma de utilizar el lenguaje deja claro en las niñas que ellas siempre deberán ir después de los hombres pero no solo al ser nombrados, también a la hora de jugar, de comer o de ser atendidos.

 

Sin embargo, no solo el lenguaje oral refleja el sexismo. La enseñanza del lenguaje escrito acompañado de imágenes refuerza lo ya aprendido. Y con toda inocencia los alumnos aprenden a leer que “Susi asea su oso” y “Mi mamá cocina la cena” mientras “Pepe juega canicas” y “Mi papá sale a trabajar” pero en ningún texto escolar se lee “Mamá y papá limpian la casa” o “Juan prepara el desayuno”. De esta manera, quedan confirmados los roles de género que se espera de ellos en un futuro próximo.

 

Así mismo, los docentes también reproducen ideas sexistas en la enseñanza de otras asignaturas. Desde el inicio del ciclo, antes de conocer a sus alumnos, los profesores esperan mejor rendimiento de los varones en materias como matemáticas, ciencias y los deportes porque los consideran más “aptos” para ello mientas que de las mujeres se esperan mejores resultados en lenguaje, historia o arte. Los profesores atribuyen las diferencias de rendimiento entre los niños y las niñas a las distintas capacidades biológicas, obviando cualquier consideración social, psicológica y/o cultural que pueda influir a este respecto.

 

Adicionalmente, existen infinidad de mensajes sexistas en los contenidos que se enseñan en la primaria… alumnas que se preguntan si ellas también tienen pulmones cuando se estudia el aparato respiratorio “del hombre” o muchachos que se preguntan de qué se alimentaban los atenienses si todos ellos eran un “pueblo guerrero” Lagunas semánticas e imprecisiones verbales que no son ajenas al lenguaje androcéntrico con el que se pretende enseñar a los escolares.

 

Es necesario mencionar que en el idioma español hay vocablos que hacen referencia a los dos géneros por igual y algunos puristas del lenguaje defienden su uso ortodoxo pero desde una perspectiva no machista, se considera que es necesario reconocer lo femenino, nombrarlo para valorar su existencia y abrir posibilidades; deconstruir identidades, enseñar que hay más de una manera de ser niña o de ser niño y aprender a abrir caminos de equidad para todos los seres humanos.

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