supercomputadoras

@josegmunoz

 

Es patético leer que la ministra Olga Sánchez Cordero justificó el acto de barbarie cometido por tres letrados ministros de la Sala 1 de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que se apegaron estrictamente a lo que marca la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos al liberar con su resolución a la secuestradora super star del momento Florence Cassez, porque “ya la televisión había condenado a Florence Cassez. Lo que debe buscarse en SCJN es la justicia y no la “aplicación estricta de la ley”.

 

Si bien es cierto que la televisión ya había condenado a Florence Cassez por el delito de secuestro y derivados, es una salvajada que por contradecir a Televisa y vengarse de Genaro García Luna, se haya puesto en libertad a esa delincuente, en lugar de haber repuesto el proceso, tal y como lo propusieron los ministros José Ramón Cossío y Juan Pardo Rebolledo. La mofa que se hace de los críticos no iniciados en las profundidades del derecho suena a burla estúpida, si alguien se adhiere a la propuesta de los ministros que resultaron minoría. O qué, ¿ellos tampoco saben lo que el Oráculo del Derecho ha discernido sobre lo que es la ley y la justicia? Porque la ley está diseñada para aplicar la justicia; a pesar de que incluso hay quienes consideran sinónimos a una y a otra, muchas veces se atropella la justicia con aplicaciones legales.

 

En cualquier escuela de derecho se enseña que la aplicación estricta de la ley es estricta injusticia. Se sintetiza con el aforismo en latín Summun ius, summa iniuria, cita original de la obra De officis de Cicerón. Uno de los ejemplos más vívidos de esta paradoja lo escribió Shakespeare a finales del Siglo XVI en su obra El mercader de Venecia:

 

Basanio, un noble de Venecia, dedicado al despilfarro de su fortuna, de pronto se enamora de la rica heredera Porcia y para impresionarla, pide un préstamo al mercader Antonio, quien tenía todo su dinero invertido en varias embarcaciones, por lo que ambos acuden al judío Shylock, quien accede a prestarle dos mil ducados, pero con la condición de que si el préstamo no es pagado en tiempo convenido, Shylock podrá cortar una libra de carne del mercader Antonio, cerca del corazón del mercader.

 

Como las embarcaciones zozobraron en altamar, Antonio se ve imposibilitado de pagar a tiempo la deuda contraída, Shylock, se llena de regocijo pues encuentra en la impuntualidad de Antonio una magnífica oportunidad para vengarse de todos los agravios cometidos por éste y exige que un juez valide ese corte de una libra de carne, so pena de que el Estado veneciano caiga en el desprestigio internacional por no haber aplicado la ley de manera estricta y haber obligado al mercader a cumplir con lo pactado.

 

Ya en el juicio, Porcia, la inteligente novia de Basanio, se disfraza de juez y propone al judio Shylock acepte que se le pague el doble de la cantidad prestada, como lo proponen Basanio y Antonio, pero el prestamista permanece inamovible y dice que eso no está escrito en el contrato. Porcia le pregunta si contrató a un médico para atender de la herida a Antonio, para evitar su muerte, pero Shylock responde con la misma cantaleta: eso no está en el contrato. Entonces la “jueza” ordena que se proceda a cortar la libra de carne cerca del corazón de Antonio, pero le recuerda a Shylock que el contrato dice que se debe cortar una libra de carne, pero no habla de su sangre, por lo que si derrama una sola gota, como extranjero, será acusado de atentar contra la vida de un nacional y el castigo es la pena de muerte, según establecen las leyes de Venecia. Shylock desiste de cobrar su ansiada penalidad, pero era demasiado tarde. De acuerdo con las leyes venecianas, ya se había hecho reo de lesa patria y si bien le perdonaron la vida, le confiscaron sus bienes.

 

Cicerón, al principio de la era cristiana, expuso otro ejemplo: dos ejércitos que estaban en guerra, pactaron una tregua de 40 días, Pero a la semana de haber firmado el convenio, uno de los generales decidió realizar un ataque nocturno y cuando uno de sus asistentes le recordó que estaban en tregua pactada por escrito, el general comandante le dijo que el pacto hablaba de 40 días, pero nada decía de las noches y atacó al enemigo.

 

la Ley es una norma impuesta por el Estado, en ejercicio de su soberanía, que dicta o prohíbe, regula y, sanciona conductas e instituciones, con el fin de cumplir muchos fines del Estado como organización política de los pueblos. La ley, por otro lado, es una norma de conducta de observancia general que sirve como instrumento para lograr el bien común, el funcionamiento adecuado de las cosas y conocer los derechos y deberes de todos las personas y con las demás personas, de las personas para con el gobierno y el gobierno para con las personas.

 

La justicia es un valor. Aristóteles decía que «la justicia es la virtud suprema», sin embargo, mucha gente niega la existencia de la justicia por la complejidad que ésta representa, complejidad que muchos traducen en definir «¿qué es lo que le corresponde a cada quién?» A veces es un poco difícil determinar que es lo justo, es obvio y lógico considerando que a veces lo justo parece injusto para otra persona. La justicia, en pocas palabras, es un valor que debe impulsar el sentimiento de hacer lo correcto para todos, sin afectar nunca a otros. La justicia, es una forma de expresar respeto por los demás y por uno mismo al saber qué cosa es de cada quién y porqué. Las víctimas de secuestro bien sienten qué le correspondía a Cassez. Si Cassez fue víctima de los delirios por el espectáculo televisivo de Genaro Luna, que se castigue a Genaro Luna. Cada delincuente y cada víctima deben recibir lo que merecen, y si la francesa está en el cuadro binario de víctima-delincuente, que se le haga justicia enjuiciando a Genaro Luna, pero también que se le reponga el proceso con nuevas pruebas para que pague por sus delitos.

 

A los juzgadores se les otorga el privilegio de la interpretación y valoración de todas las circunstancias que rodean un caso a resolver o la simple aplicación fría y estricta de la ley. La valoración, pues, de casa caso, es la piedra filosofal de los jueces, que puede fundir la ley con la justicia.

 

En el clásico de clásicos El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, se aprecian los consejos que dio don Quijote a Sancho, antes de irse a gobernar la Isla Barataria, entre los que destacan para aplicarse al caso que nos ocupa, los siguientes:

 

-Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.

-Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.

 

-Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.

-Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

-No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más de las veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda.

 

-Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

 

Existen pues, más valores que el fatuo concepto del “respeto a la Constitución”, porque si lo que se busca son aplicar sentencias conforme a leyes, se puede poner computadoras en lugar de ilustrados jueces, que tan caros nos cuestan a los mexicanos.

 

 

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