Desde el Infierno Por: José Antonio Rivera Rosales

  

José Antonio Rivera Rosales

José Antonio Rivera Rosales

Durante años han padecido la indiferencia de la sociedad pero, sobre todo, el silencio gubernamental que los mira como un estorbo para la proyección de la imagen turística del puerto de Acapulco.

   A no dudarlo, es una suerte de infierno la condición que priva en cientos de familias que han padecido la desaparición forzada de alguno de sus seres queridos a manos del crimen organizado.

Todas estas familias, la mayoría oriundas de este puerto turístico, durante años han buscado sin éxito a sus seres queridos que, por estar en el lugar y el momento equivocados, han sido tratados como “blancos” por sicarios de las múltiples bandas criminales que pululan en Acapulco. Lo peor del caso, según relataron ante los medios, es que a duras penas han merecido la atención de las autoridades federales y estatales que, con todo, poco o nada hacen para buscar a sus desaparecidos.

Frente al muro de silencio que aisló sus quejas y lamentos, las y los agraviados comenzaron a buscarse, a conocer sus penas, a evaluar experiencias y, finalmente, a organizar esfuerzos conjuntos para hacerse escuchar por el Estado Mexicano.

Es un infierno que vivimos cada día, porque cada día nos levantamos con nuevos bríos para buscar a nuestros desaparecidos, a pesar de que no hemos encontrado respuesta de las autoridades, sostiene Emma Mora Liberato, presidenta del colectivo Familias de Acapulco en Busca de Sus Desaparecidos, agrupación creada en febrero de 2016 para buscar a 50 personas desaparecidas en este puerto.

De hecho, la señora Mora Liberato ha sufrido en carne propia el vía crucis de las familias que han perdido a alguno de sus seres queridos a causa de la violencia que desde hace años flagela a Acapulco, considerada ahora la ciudad más violenta del país.

El 20 de septiembre de 2011 esta madre de familia de 51 años perdió a su hijo José Alberto Téllez Mora, de 14 años, cuando el menor se dirigía a la escuela. El niño desapareció entre las 09:00 y 09:30 de la mañana sobre la Costera Miguel Alemán, que era el trayecto que recorría para trasladarse de su casa, en la colonia Costa Azul, a la escuela.

Tiempo después la familia recibió una llamada de un sujeto que le pidió una fuerte suma de dinero para devolverlo con vida. Tres meses después, el 20 de diciembre del mismo año, el matrimonio Téllez Mora pagó una cantidad indeterminada de dinero para rescatar al pequeño, pero nunca volvieron a saber nada de él.

 

 

Desde entonces, dice Mora, “todo ha sido un infierno, porque las instancias oficiales como la Fiscalía General del Estado, que deberían resolver estos casos de desaparición forzada, secuestro y homicidio, simplemente no investigan porque dicen no contar con presupuesto”.

Mora Liberato, una profesional de la administración turística egresada del Instituto Tecnológico de Acapulco (ITA), comenzó a buscar a su hijo José Alberto ante todas las instancias que le fue posible, pero nunca encontró conmiseración o interés alguno entre los funcionarios tanto del Gobierno del Estado como de la Fiscalía General, que han actuado con “omisión, corrupción y negligencia”, según sus propias palabras.

Desde 2011 a la fecha, esta búsqueda la llevó a contactar, obligadamente, a muchas otras personas en la misma condición de abandono e incertidumbre, hasta reunir a 50 familias que, con apoyo de la Iglesia Católica, buscan desesperadamente a sus desaparecidos, que los hay de todo rango de edad, de los 14 a los 40 años, incluidas cuatro mujeres.

Ese esfuerzo titánico, para el cual han sacado fuerzas de flaqueza, ha llevado a estos padres de familia a levantar un subregistro de los casos que han encontrado tan sólo en el municipio de Acapulco, donde estiman en ¡dos mil! el número de personas desaparecidas de 2011 a la fecha, personas que no han sido encontradas, ni vivas ni muertas.

Bueno, ni siquiera han sido buscadas por las autoridades ministeriales del estado, mucho menos federales, debido a que no existen las denuncias penales respectivas por miedo a las represalias dado que, dicen algunos agraviados, los perpetradores siguen por ahí haciendo males.

Pero esto no los ha desanimado para exigir a las autoridades, especialmente a los responsables de la procuración de justicia, tanto como a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), a buscar a sus familiares desaparecidos. Aunque han encontrado apoyo de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), demandan igual atención de la Procuraduría General de la República (PGR) y de otras instituciones universitarias que pudieran colaborar en la identificación de restos.

Este colectivo de familiares de desaparecidos, el único de su tipo en Acapulco, encontró un clima de comprensión en el Movimiento Nacional por Nuestros Desaparecidos, una organización social de nuevo cuño que ha unido esfuerzos en todo el país para buscar a los ausentes entre los más de 30 mil desaparecidos reconocidos oficialmente a nivel nacional.

De manera paulatina, diferentes gremios como el de los médicos, los maestros, comerciantes, universitarios, han comenzado a unir fuerzas para buscar a sus desaparecidos y luchar contra la oleada violenta que ha asesinado a muchas personas inocentes. Claro que no tardan en unirse a este movimiento también los periodistas, asediados y asesinados por los intereses de la narco política.

Por lo pronto, estas cientos de familias agraviadas claman -desde el dolor más profundo que pueda existir- por la solidaridad de la comunidad guerrerense para detener la violencia que mata incluso a niños. Es, quizá, la hora de despertar de todos los pueblos de Guerrero para zanjar, de una vez y para siempre, esta racha de violencia criminal que mantiene colapsada la economía y la sociedad.

 

 

Es también la hora de que los partidos políticos, enfrascados siempre en la lucha por el poder, demuestren que tienen un mínimo interés por la suerte de los ciudadanos de a pie, que es la inmensa mayoría de los guerrerenses, y participen en la defensa de la comunidad. Hasta ahora, sólo un diputado ha levantado su voz contra la violencia, la impunidad y el fuero constitucional que es utilizado como protección por políticos delincuentes. ¿Dónde están los demás?

¿Dónde están los partidos políticos cuando la sociedad los necesita?

Es una simple pregunta.

 

 

 

 

 

 

 

 

José Antonio Rivera Rosales

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