La lista de inocentes por el 1-D puede sumar millones.

@josegmunoz

 

Pocas veces se ha visto un inicio tan lleno de abrojos como el gobierno de Miguel Mancera en el Distrito Federal, pues debe enderezar lo que no enchuecó y pagará, a querer o no, facturas por lo que no compró. El laberinto por el que camina no fue su elección.

 

Las espinas que más lo laceran son las exigencias de los ultras de la izquierda de poner bajo las sombras a quienes hayan ordenado y perpetrado las detenciones de simples espectadores de los actos vandálicos del 1 de diciembre. No ha sido suficiente que la Asamblea Legislativa haya suavizado las penas contra quienes atenten contra la paz pública para permitir que todos los detenidos por los hechos violentos obtengan su libertad bajo fianza y luego pregonen su triunfo sobre “la represión”, sino que van por más, y no precisamente por los policías que capturaron sin discriminar, sino por las “cabezas”, políticas o policíacas, sólo que no hay ninguna visible, como tampoco la de quién o quiénes patrocinaron el numerito vandálico pagando 300 pesos a cada porro, que también se esfumaron.

 

Los devotos del martirologio como Ricardo Monreal que lloraron por no haber contado con su muerto de tribuna, se conforman con marcar con la etiqueta de represores y enemigos de la libertad de manifestación a Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard. Los defensores de los nuevos gobernantes los han deslindado de toda responsabilidad, no sin razón, pero la pelota de la culpa viaja sin rumbo de manos de las corporaciones federales a las fuerzas policíacas locales. Y en el fondo, el triunfo de la “causa”, porque de los culpables de la violencia porril, que no revolucionaria, nadie se acuerda.

 

Leí en en un correo electrónico que me llega con regularidad de la revista Forum en línea la reproducción de una carta de Federico Engels a J.P. Becker, enviada el 14 de febrero de 1984, que ni pintada sirve para esclarecer algunos de los orígenes del violento espectáculo del 1-D:

 

Encomillo:

 

“A los presos y lesionados el 1 de diciembre de 2012 en México, DF.

 

“Carta de Federico Engels a J.P. Becker, Londres 14 de febrero de 1884.

 

“Respecto a la agitación en Alemania, las cosas no van tan mal, aun cuando la prensa burguesa oculte la mayor parte de lo que está ocurriendo y sólo de cuando en cuando se le escape un chillido de terror ante el hecho que el Partido está ganando terreno paso a paso en lugar de perderlo.

 

“La policía le ha abierto un campo realmente espléndido a nuestra gente: la ininterrumpida lucha contra la policía misma. Ésta se lleva a cabo siempre y en todas partes con gran éxito y, lo que tiene de mejor, con gran humor. Los policías son derrotados y obligados a buscar desesperadamente una transacción. Y yo creo que esta lucha es la más útil en las actuales circunstancias. Por sobre todo, mantiene encendido en nuestros mozos el odio al enemigo. Peores tropas que la policía alemana no podrían enviarse a nuestro encuentro; incluso ahí donde las llevan de ganar sufren una derrota moral, y entre nuestros muchachos crece día a día la confianza en la victoria. Esta lucha hará que, tan pronto como termine por relajarse la presión (y ello ocurrirá el día que empiece el baile en Rusia), no nos contaremos por centenares de miles sino por millones. En la dirección hay muchos elementos podridos, pero tengo una confianza sin límites en nuestra masa, y la tradición de lucha revolucionaria que le falta, la está cobrando aceleradamente en esta pequeña guerra con la policía. Y usted podrá decir lo que quiera, pero todavía no hemos visto un proletariado que haya aprendido a actuar en forma colectiva y a marchar unido en tan corto tiempo. Por esta razón, aun cuando nada se trasunte en la superficie, creo que podemos esperar con calma el momento en que suene el llamamiento a las armas. ¡Verá usted como se alistan!”

 

En efecto, la policía es el primer flanco a enfrentar y el más débil en calidad. Será difícil, si no imposible, para Mancera demostrar inocencia de los policías que él no mandó a reprimir nada, pero tampoco es fácil probar que Marcelo Ebrard dio la orden de encarcelar a los manifestantes no violentos. Sería una estupidez dejarle a su sucesor una papa caliente de esa envergadura sabiendo que Mancera puede ser su principal aliado en la sucesión presidencial de 2018 contra Andrés Manuel López Obrador.

 

Es también aventurado sostener que Peña Nieto ordenó tal aberración. Es seguro que aún no se quita el mal sabor de boca que le de4jó la experiencia de haber aceptado ante estudiantes de la Universidad Iberoamericana que utilizo la “legítima fuerza del Estado” en San Salvador Atenco para detener la escalada de violencia que protagonizaban los macheteros, porque esas declaraciones fueron la semilla que hizo sirvió para la creación del movimiento #YoSoy132.

 

¿Los mandos medios de fuerzas federales o del DF?, no lo creo.

 

¿Y del lado de los vándalos? Las feligrecías de López Obrador que trabajan en algunos medios, un día sí y otro también lo deslindan de toda responsabilidad, porque, dicen, el movimiento de AMLO es “pacífico” Tampoco es fácil dar con los responsables, aunque a juzgar por el giro de las declaraciones oficiales, de ellos no hay ni rastros ni ánimos de encontrarlos. Los esfuerzos y los recursos se centran contra los “represores”.

 

Ya no hay dos hechos a calificar: el de la violencia de vándalos contra la ciudad de México y de los policías contra manifestantes no rijosos. Sólo lo último. Es la amnesia demencial.

 

La lista de “inocentes” de la violencia del 1-D es enorme, pero la apuesta es otra: la revolución.

 

Lenin señaló hace mucho tiempo que hay cuatro condiciones para una situación revolucionaria: 1) la clase dominante debe estar dividida y en crisis, 2) la clase media debería estar vacilando entre la burguesía y la clase obrera, 3) las masas deberían estar dispuestas a luchar y hacer los mayores sacrificios para tomar el poder y 4) un partido y una dirección revolucionaria que esté dispuesta a dirigir a la clase obrera a la conquista del poder.

 

El México de 2013 no es el de 1910. El vandalismo es, a mi juicio, bandolerismo, no violencia revolucionaria.

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Por Alejandro Olivas

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