La megafauna en peligro crítico

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Los días no sonríen a los 101 mamíferos terrestres más grandes del planeta que poco a poco caminan hacia su desaparición en un hecho que parece inapelable.

El obituario de algunos está en preparación, pero ya se ha tallado la lápida con el epitafio de varias especies: el rinoceronte negro africano (Diceros bicornis longipes) y la subespecie vietnamita del rinoceronte de Java (Rhinoceros sondaicus annamiticus). Y así habrá que proceder, pronto, con el orix cuerno de cimitarra (Oryx dammah), extinto en la naturaleza; el kuprey (Bos sauveli), visto por última vez en 1988; y el rinoceronte blanco (Ceratotherium simum cottoni), del cual solo persisten tres individuos.

SOS. Esa es la voz de atención que se desprende de un pormenorizado artículo de William Ripple y otros 42 científicos de todo el globo, publicado en BioSciences. En él se detalla el estado de los 27 grandes carnívoros, de más de 15 kilos, y los 74 herbívoros de más de 100 kilogramos de peso.

La lista es larga: el rinoceronte de Sumatra (Dicerorhinus sumatrensis) ya está extinto en la naturaleza en Malasia, y se halla al borde de la extinción en Indonesia, con su población en franco colapso, pasando de un poco más de 800 individuos a 100 en 30 años, mientras al rinoceronte de Java (Rhinoceros sondaicus) lo representa hoy una sola población de alrededor de 58.

Podría decirse, de acuerdo con la información científica disponible que “el 59 % de los carnívoros más grandes y el 60% de los herbívoros de mayor talla están en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)”, clasificados con el nada motivador rótulo: “amenazados de extinción”.

Un riesgo claro para algunos de los símbolos mundiales de la fauna: el león, el tigre, el elefante y los gorilas, que desaparecen en momentos en los que la ciencia evidencia el rol fundamental que cumplen en los ecosistemas.

Los autores recuerdan que “los animales de tamaño corporal grande se ven en mayor riesgo de extinción y declive que los de talla pequeña” y reconocen que “en ciertos casos, algunas especies de megafauna terrestre han podido recuperarse debido a la conjunción de programas de conservación, gestión política favorable y cambios de actitud humana y es indudable que las poblaciones de otras estarían en una situación apremiante de no ser por el despliegue de acciones de conservación”.

Pero de esa ayuda no han gozado todas las especies, siendo más delicada la situación que viven en el África Subsahariana y el sureste de Asia, lugares que albergan la mayor diversidad de megafauna existente.

Crear conciencia

“Nuestros objetivos aquí son elevar la percepción general del riesgo en que se encuentra la megafauna y promover el desarrollo de recomendaciones específicas y de acción concertada, colectiva, que conduzca a conservar dicha fauna”.

La megafauna, agregaron, provee una amplia gama de servicios ambientales a través de procesos bióticos (como control descendente en la cadena trófica) y abióticos (por ejemplo reciclaje de nutrientes, regímenes de fuego). “Además, numerosas especies funcionan como especies clave o ingenieros de ecosistemas, regulando efectos en cascada en los ecosistemas en los que existen”. Y aporta servicios económicos y sociales, como el caso del ecoturismo, que representa en varios países en desarrollo, el subsector con mayor crecimiento dentro de la industria general del turismo de acuerdo con un informe del Programa del Medio Ambiente de Naciones Unidas. Aparte de su aporte en la conservación, el turismo con base en la vida silvestre contribuye a la educación, a la economía, generación de empleos y en general al bienestar humano.

Es el mismo hombre el que acorrala con sus actividades a este tipo de fauna.

Las causas

Las amenazas no son de ahora pero han venido en crecimiento, traduciéndose en la destrucción de hábitats, persecución y explotación.

Los grandes mamíferos requieren áreas extensas para mantener sus poblaciones sanas y deben mantener una densidad baja, en particular los carnívoros.
Factores antropogénicos como la deforestación, la expansión de la frontera agrícola, el incremento en la ganadería y otras formas de expansión humana en el terreno “conducen a la fragmentación y disminuyen la disponibilidad de recursos, lo que ha degradado severamente el hábitat necesario para la supervivencia de la megafauna”, escribieron los autores.

Aunque algunas especies muestran una flexibilidad de adaptación, y logran acomodarse en nuevos ambientes con ciertas condiciones, “la expansión ganadera, el crecimiento de la población humana y los impactos acumulados del cambio de uso de la tierra, detonan nuevos conflictos o exacerban los ya existentes, provocando así declives poblacionales adicionales”.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reveló que a 2014 había cerca de 3,900 millones de cabezas de rumiantes en la Tierra, por solo unos 8,5 millones de animales de 51 especies (de las 74) de megaherbívoros de las que se tienen estimaciones de su distribución. Una relación de casi 400 a 1, muestra de la desproporción y la anexión de áreas para sostener aquel número de cabezas.

En el declive inciden otras acciones como la caza con armas de fuego y el envenenamiento, en ocasiones con patrocinio gubernamental, además de la participación de las organizaciones criminales.

Así muchos animales son cazados por sus partes para la medicina tradicional y el ornato, además de la carne, o por su amenaza a cultivos o al ganado.

“Entre los casos sobresalientes se incluye la masacre de elefantes africanos (Loxodonta africana) por el marfil, rinocerontes por sus cuernos, y tigres (Panthera tigris) por sus partes corporales”.

Otras especies menos conocidas también se encuentran seriamente amenazadas.

Y como la mayoría de los megaherbívoros siguen siendo poco estudiados, tal laguna de conocimiento hace que su conservación sea más difícil.

A group of Scimitar Horned Oryx on the Masai Mara game reserve in Kenya in Africa An Oryx is any of a group of large antelopes native to Africa and Asia.The Beisa oryx (Oryx beisa) in E Africa and gemsbok (Oryx gazella) in the Kalahari are more common. In profile the two long horns appear as one, which may have given rise to the legend of the unicorn. Date Taken: 16/08/1999 Pictrue Credit: John Wasserman/Atlas Photography Atlas Photography 20 The Limes Burniston North Yorkshire YO13 OEE Tel: +44 (0) 1723 870659 Email: atlasphotography@ukonline.co.uk

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