La interesante historia de la Isla Clipperton, un atolón que debería ser mexicano.

La Isla de la Pasión

La Isla de la Pasión

La Isla de la Pasión o Isla Clipperton, es un atolón de aproximadamente 8 kilómetros de circunferencia, ubicado a 1,100 kms. al sudeste de Punta Tejupán, Michoacán, su punto más cercano en tierra; según los convenios internacionales, entraría dentro de los límites insulares de México, por lo tanto debería ser reclamada como territorio mexicano, como fue por muchos años, sin embargo desde 1931, un arbitrario decreto italiano le dio la posesión a Francia, quien se ha adueñado de ella desde entonces.

El argumento de Francia para adueñarse de la isla es que ellos fueron los primeros en descubrirla en 1856, algo que es una aberración, pues además de que el pirata inglés John Clipperton la visitó en 1706, y lo cual se reconoce al seguir manteniendo su nombre; ya en 1526 fue registrada por el capitán español, Álvaro de Saavedra quien la bautizó como Medanos, por lo tanto debería ser mexicana, puesto que con la independencia de España, todos los territorios de la colonia pasaron a ser reconocidos como parte del territorio mexicano, algo que además fue así durante muchos años.

De hecho las constituciones de 1824, 1857 y 1917, incluían a esta isla como parte de nuestro territorio en su redacción original, hasta que fue removida en una modificación a la constitución realizada en 1934.

A pesar de que México ha tenido primordialmente el dominio de la Isla, tuvo dos periodos en los cuales fue tomada por fuerzas extranjeras, en 1725, cuando los franceses la ocuparon, hasta la independencia de México en 1821, y también durante la guerra hispano-estadounidense, cuando fue ocupada por el ejército estadounidense en 1883.

Sin embargo la historia más extraordinaria jamás vivida en este inhóspito atolón sucedió en la etapa que Porfirio Díaz decidió tomar el control de la isla de una vez por todas, y mando a poblar la deshabitada isla con una guarnición militar, dirigida por el capitán Ramón Arnaud; además otorgó a la compañía Pacific Island Company, el derecho para extraer guano de la isla por 20 años, con la cual se trajeron mineros de diversas partes del mundo.

Entre 1908 y 1930 alrededor de 100 personas vivían en la isla, a donde cada dos meses llegaba un barco lleno de provisiones para proveer los insumos necesarios para subsistir dignamente en la isla.

Sin embargo la pesadilla para los habitantes de la isla estaba por comenzar, un día de 1910, simplemente el barco de provisiones ya no llegó, y no llegaría más, la revolución mexicana había comenzado, y la guarnición militar y los mineros habían sido abandonados a su suerte.

En 1914, un buque del bando de Victoriano Huerta, zarpó con destino a la Isla Clipperton para llevar provisiones, sin embargo fue alcanzado por el Buque Guerrero, quien lo hundió en lo que fue la única batalla naval de la Revolución Mexicana.

Desesperados los habitantes de la isla, enviaron a una comisión de tres militares en una balsa con el objetivo de alcanzar Acapulco y pedir ayuda, y a pesar de que los navegantes lograron la hazaña, ya a nadie le interesaba rescatar una guarnición militar huertista en una isla tan lejana.

Estados Unidos se enteró de la hazaña y mandó un barco que llegó a la isla en junio de 1914, para aquel entonces solo quedaban en la isla unos 14 hombres, seis mujeres y seis niños; la mayoría de las habitantes ya habían muerto de escorbuto, debido a la falta de vitamina C.

Se cuenta que el capitán Arnaud impidió la salida de la isla de los habitantes, argumentando que todavía tenían provisiones para cinco meses, aunque se cree que quería evitar la corte militar, pues le informaron de la situación de los huertistas, tras el desarrollo de la revolución.

Ante la falta de nutrientes en 1916 ya eran constantes los delirios, un día de octubre Arnaud creyó haber visto a lo lejos un buque, por lo cual salió rapidamente en una balsa, junto con todos sus hombres, a excepción del guardián del faro, para intentar alcanzar al barco, sin embargo su lancha se hundió y todos murieron en la incursión.

Solo quedó en la isla el guardián del faro, Victoriano Álvarez, quien se autoproclamo rey de la isla, en la que solo quedaban 15 mujeres y niños. Álvarez cometió una enorme serie de abusos y violaciones durante este periodo, hasta que fue asesinado por una de sus víctimas, con ayuda de Alivia Rovira, la esposa de Arnaud.

Unos días después, el 18 de julio de 1917, llegó a la isla un barco estadounidense, quien finalmente rescató a los sobrevivientes, cuatro mujeres y siete niños de quien se tomó una histórica fotografía, como testimonio de su existencia.

Fue hasta 1930 que a Francia se le ocurrió la idea de encomendar al Vaticano la tarea de definir a quien debería pertenecer esta isla, motivo por el cual el Vaticano nombró como responsable de tal decisión, al rey de Italia, Victor Manuel III, quien decidió arbitrariamente que debería ser propiedad de Francia, motivo por el cual Francia tiene posesión de ella actualmente.

Muchos gobiernos han pasado en México y nadie se ha atrevido a reclamar los derechos legítimos de nuestro país, sobre la isla, recientemente Contralínea ha publicado un artículo, en el cual afirma que Felipe Calderón, acordó en pláticas secretas con la diplomacia francesa, mantener intacta la soberanía francesa sobre la isla, a cambio de algunos privilegios mínimos para los pescadores mexicanos.

El problema no es unicamente la isla, sino que además este atolón le otorga un Francia, un enorme territorio marítimo en lo que debería ser parte del territorio mexicano de ultramar, lo cual ha provocado incluso la captura de barcos pesqueros mexicanos por parte de la marina francesa quien patrulla de forma permanente la zona.

Tampoco hay que olvidar que Francia ha llegado a considerar este atolón, como posible rincón para pruebas nucleares o como deposito de desechos radioactivos, algo que no se ha cumplido, debido a la presión que los Estados Unidos ha generado sobre Francia para que desista de estos planes.

Este es un espacio histórico y natural que debería ser conservado y protegido por el gobierno mexicano, esperemos a ver quien tiene los pantalones de reclamar lo que nos pertenece.

Quízas la reciente liberación de Cassez, y las nuevas relaciones diplomáticas con Francia, puedan abrir una posibilidad para regresar este atolón perdido del territorio nacional.

 

Mauricio Wem
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