Así fue el adiós de México al Papa

México, 17 Feb .- Intenso, emotivo y con una notoria afluencia de fieles católicos fue el último día de la gira pastoral del Papa Francisco, que este miércoles regresó a Roma una vez concluidas sus actividades en Ciudad Juárez, Chihuahua.

La música de mariachi, presente durante todas las escalas del recorrido papal en territorio mexicano, dejó escuchar sus notas hasta el último segundo de permanencia del pontífice.

Sin embargo, también estuvo el dedo en la llaga con las palabras del pontífice, que hizo ver la importancia de una verdadera reinserción social, de un trato humano hacia los migrantes, de ser solidario con las víctimas de la violencia y de frenar de una vez por todas la muerte y la explotación.

Asimismo, la crítica hacia la esclavitud del siglo XXI, con la advertencia de que Dios le pedirá cuentas a los responsables de dicha práctica.

Horas antes de salir de la nunciatura apostólica, el cantante Carlos Rivera, acompañado por un mariachi y por las gargantas de los fieles que se dieron cita desde temprana hora, entonó “El pastor” y “Las golondrinas”, y el pontífice correspondió con bendiciones y sonrisas.

Ya en el aeropuerto capitalino, luego de su último recorrido por la Ciudad de México en medio de banderas, manos extendidas, porras y gritos, el avión que lo llevó a la frontera norte del país despegó a las 08:59 horas.

La canciller Claudia Ruiz Massieu y el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, fueron los encargados de darle la despedida de manera oficial, mientras otro mariachi, esta vez integrado por elementos de la Secretaría de Marina-Armada de México, amenizaron el acto.

A las 09:55, tiempo local, la aeronave aterrizó en el aeropuerto “Abraham González” de Ciudad Juárez y nuevamente los acordes del “Cielito lindo” se dejaron escuchar en voz de la gente que aguardaba su llegada en la terminal aérea.

El gobernador César Duarte, el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, y las autoridades de la Diócesis de Ciudad Juárez dieron al jerarca católico la bienvenida oficial, para luego trasladarse al Centro de Readaptación Social Número 3.

En dicho penal, Francisco bendijo la capilla, así como a los 700 reos, con quienes rezó y escuchó a la reclusa Evila Quintana, quien aseguró que “la mayoría tenemos la esperanza de la redención y en algunos casos la voluntad de conseguirla”, y enfatizó que en las cárceles “hay seres humanos”.

Reconoció que la reclusión pone a prueba el espíritu y la fortaleza de la fe, porque entrar a prisión implica el aislamiento de las personas que más se aman y la distancia les hace adaptarse, poco a poco, al desprendimiento.

En su discurso, el Papa Francisco advirtió que el problema de la seguridad pública no se agota solamente encarcelando; deploró las limitaciones del modelo penitenciario actual, pues las cárceles son un síntoma de cómo está la sociedad, de silencios y omisiones que han provocado una “cultura del descarte”, que ha dejado de apostar por la vida, de una sociedad que ha ido abandonando a sus hijos.

“A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de reinserción que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a determinada actitud”, lamentó.

Después del mensaje papal, siguieron las muestras de cariño con gritos, emociones y música, pues los reclusos le entonaron el multicantado “Cielito lindo”, “Bésame mucho” y un tango que evocaba el origen argentino del pontífice.

Al grito de “Francisco, amigo, Juárez está contigo”, el Papa llegó al Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua, para su encuentro con el mundo laboral, donde advirtió que Dios pedirá cuentas a los “esclavistas de hoy”, en una dura crítica a la precariedad e ilegalidad laboral, a la mentalidad reinante que busca conseguir ganancias a cualquier costo.

La mejor inversión, aseveró, es en la gente, crear oportunidades, y no ceñirse a un sistema que pone a las personas al servicio del flujo de capitales, provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos a usar y tirar.

“¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral? ¿O quiere dejarles la cultura de la memoria de trabajo digno, del techo decoroso y de la tierra para trabajar?”, cuestionó.

Luego de comer y descansar en el Seminario Conciliar de Ciudad Juárez, el Papa llegó a la Cruz del Migrante, ubicada a menos de 50 metros de la línea fronteriza entre México y Estados Unidos, donde depositó flores, oró y bendijo a la gente.

Posteriormente, el jerarca de la Iglesia católica se dirigió a la explanada de El Chamizal, donde denunció las “terribles injusticias” que sufren los migrantes en su intento por llegar “al otro lado”.

“No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos”, aseveró.

En una ceremonia religiosa que gracias a la tecnología pudieron seguir los católicos en ambos lados del Río Bravo, el Papa se refirió también a las “Muertas de Juárez”, criticó la persecución y las amenazas de las que son víctimas los jóvenes cuando tratan de salir de la espiral de violencia y del infierno de las drogas.

“¡No más muerte ni explotación! Siempre hay tiempo de cambiar, siempre hay una salida y una oportunidad, siempre hay tiempo de implorar la misericordia del padre”, apuntó.

Luego del discurso, plagado de verdades dolorosas y del llamado a cambiar esa realidad, porque “siempre hay tiempo de cambiar”, llegó el momento de la despedida.

En el Aeropuerto “Abraham González”, más de cinco mil personas, con lágrimas, gritos y porras externaron su tristeza por el fin de la gira pastoral del Papa.

Los pañuelos, agitados al ritmo de “Francisco, hermano, ya eres mexicano”, no se interrumpieron más que con los himnos nacionales de México y el Vaticano, y con las notas de “Las golondrinas”, por lo que nuevamente el mariachi se hizo presente.

El momento de decir adiós llegó, en el que los asistentes gritaban “no te vayas, Francisco”, mientras el presidente Enrique Peña Nieto y los integrantes de su gabinete se despidieron de él.

Peña Nieto y su esposa acompañaron a Francisco por una alfombra roja hasta la escalera del avión, que despegó a las 19:39, hora del Pacífico, del aeropuerto de la antigua Paso del Norte para un viaje de aproximadamente 12 horas con destino a Roma, Italia.

Terminó así la primera gira pastoral del Papa Francisco, en la que vivió de cerca la efusividad y el fervor mexicanos y que, seguramente, le dejaron ganas de volver.

 

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